¡Qué duda!
Ante la duda, la más tetuda.
Ahí está el intríngulis, no se divisan tetas en el horizonte. Encefalograma plano veo, ni que el asunto estuviese muerto morrido, apestándolo todo.
Unos, ya sabemos lo que son. Por trayectoria, hechos consumados e ideologías. A pesar de operaciones de maquillaje e inyecciones de botox a mansalva. El algodón no engaña, lo pasas y sale tiznado.
Los otros, decepcionantes en grado sumo. Esperanzas perdidas, verdades defendidas ofendidas, transgredidas.
Lo peor, justificadas, argumentadas.
Sí de lo bueno, lo mejor,
ellos eligieron de lo malo, lo peor.
Los de más allá, ¡títeres!, de unos y de otros.
El poder, que no el querer, y en esto ¡todos!
Ande yo caliente, ríase la gente. ¿Qué hay de lo mío?
¡Todos!
¡Me aburro!
¡Pis, caballo!
sábado, 28 de febrero de 2009
viernes, 27 de febrero de 2009
¡Terror en el supermercado!
¡Horror en el ultramarinos!
No, no ha desaparecido mi novio. Todavía no ha aparecido. ¿Quién sabe ande andará?
Hoy he ido a hacer la compra. Estaba en la caja para no huir con lo puesto (en el carro) y convertirme en mangante (de esos andamos sobrados).
Esperando mi turno para ser atracado, pacientemente esperaba, legalmente atracaban ellos, cobraban a una mamá con dos de sus dos retoños; uno incrustado en el asiento del carro, aun cabía, y el otro al pie del cañón; devorando un paquete de sugus ambos los dos; la madre de los corderos se olvida algo y a por ello se va rauda y veloz.
Allí quedan, criaturitas.
El pequeño de entre los dos, supongo yo que en un pronto, manda la bolsa de sugus a los cuatro vientos. Ellos, muy obedientes, se esparcen por doquier.
En éstas, me agacho para ayudar en la recolecta de lo sembrado. El jornalero de a pie me mira igualito que a un lardón (este palabro es de la cosecha propia de Gonzalo, ¡lástima no poder transcribirla con la entonación adecuada!), empieza a recoger sugus cómo sí le fuese la vida en ello y mi intención fuera robársela. El incrustado poco menos que igualmente, mejor para mí el incrustamiento, sino entre los dos me envían a mejor vida fijo.
Ayúdoles para evitar problemas mayores en llegando la madre que los parió, ni más ni menos.
Liándome como me lío, el horror terrorífico es el siguiente: los pezqueñines, ellos no saben más, ni gracias por la ayuda ni na de na.
El problema que ve uno, la madre no da las gracias. Es más, mira con reproche incluido ¿qué quieres? ¡Pues nada, eso quiero!
¿Sabes lo que significa la educación? ¿En algún momento de tú vida te planteaste tener hijos? ¿Quieres?
No, no ha desaparecido mi novio. Todavía no ha aparecido. ¿Quién sabe ande andará?
Hoy he ido a hacer la compra. Estaba en la caja para no huir con lo puesto (en el carro) y convertirme en mangante (de esos andamos sobrados).
Esperando mi turno para ser atracado, pacientemente esperaba, legalmente atracaban ellos, cobraban a una mamá con dos de sus dos retoños; uno incrustado en el asiento del carro, aun cabía, y el otro al pie del cañón; devorando un paquete de sugus ambos los dos; la madre de los corderos se olvida algo y a por ello se va rauda y veloz.
Allí quedan, criaturitas.
El pequeño de entre los dos, supongo yo que en un pronto, manda la bolsa de sugus a los cuatro vientos. Ellos, muy obedientes, se esparcen por doquier.
En éstas, me agacho para ayudar en la recolecta de lo sembrado. El jornalero de a pie me mira igualito que a un lardón (este palabro es de la cosecha propia de Gonzalo, ¡lástima no poder transcribirla con la entonación adecuada!), empieza a recoger sugus cómo sí le fuese la vida en ello y mi intención fuera robársela. El incrustado poco menos que igualmente, mejor para mí el incrustamiento, sino entre los dos me envían a mejor vida fijo.
Ayúdoles para evitar problemas mayores en llegando la madre que los parió, ni más ni menos.
Liándome como me lío, el horror terrorífico es el siguiente: los pezqueñines, ellos no saben más, ni gracias por la ayuda ni na de na.
El problema que ve uno, la madre no da las gracias. Es más, mira con reproche incluido ¿qué quieres? ¡Pues nada, eso quiero!
¿Sabes lo que significa la educación? ¿En algún momento de tú vida te planteaste tener hijos? ¿Quieres?
miércoles, 25 de febrero de 2009
¿Y de comer hoy? ¿Potajeee?
Hoy toca receta de ¿potaje?
Podría llamársele así a lo que cociné, y no por que den ganas de potar, conste. Rico está, a la par que vitamínico y verdurílico.
Punto primero.- ¿Tiempo de preparación?
Huy, el que te lleve personalmente, bonito: eso en el caso de llevar a cabo de buena esperanza la receta. Personalmente dos horas y pico, en una aproximación aproximativa.
Punto segundo.- ¿Ingredientes?
Para quién piense que segundas partes nunca fueron buenas, los que quieran.
En mi caso (a parte) he utilizado unos cuantos muchos: cebolla; ajo; pimiento (rojo, verde, amarillo. Los tres yo. Colorismo); zanahorias; tomate (suele ser rojo apasionado); brécol ¿o brócoli? (vai ti a saber el nombre verdadero de estas casitas adosadas de los nomos); champiñones; jodidas verdes, no podrían ser éstas de otro colorín; alubias (hoy he utilizado de color rojo vino, no las conocía, pero me provocaron); espinacas; acelgas; agua de la vida; limón, de las preguntas cítricas; aceite de oliva, para lubricar bien; guindilla, ya sé sabe, por el punto picante y digestivo; y creo que no se me olvida ninguno, aunque de querer puedes hacer todas las mezcolanzas apetecibles.
Punto tercero.- ¿Empezamos?
Uno, que es muy suyo, suele preparar primero todos los ingredientes para que estén listos (es que sino, algunos tardan mucho en maquillarse y estar preparados, y luego se te pasa el arroz, Catalina, que aunque no lo lleve la receta que nos ocupa, bien podría).
Bueno, para ser sinceros, lo primero es ir a la compra, normalmente al súper, o a la verdulería en su caso para desahogarse.
Pelamos las cebollas (jodidas ellas, hacen llorar una barbarité) y ya puestos a pelar, los ajos y los tomates. Luego después utilizo la picadora para picar, ¿a qué soy muy original empleando los utensilios de cocina?, ajos y cebollas. Es que sí las pico a mano luego se vengan y lloro mucho más yo que ellas. Los tomates con trocearlos tienen suficiente, pobres.
Las zanahorias las lavo con ganas y estropajo, así les saco ese sabor agrio que llevan en la piel, y luego las troceo.
Los pimientos, se los mando a la Juliana, bastante trabajo tengo ya.
Las casitas de los nomos las separo, no vaya a ser que se hagan fuertes en la pota y se forme una revolución y no quieran ni cocerse ni na, les paso un agua u dos.
A los champiñones, como ya vienen cortaditos los lavo, y punto.
Siendo cómodo como soy, las jodidas, alubias, espinacas y acelgas las compro lavadas y listas, mismamente, preparadas para que se tiren ellas solitas al cocimiento (con un pequeño empujón de mi parte, claro).
Punto cuarto.- ¡Ya va siendo hora de encender el fuego! Digo yo.
Pues eso, como de natural tengo gases en la cocina, aprovecho y los enciendo ¡Con sólo ponerles mechero! Son potentes mis gases, y naturales.
Cojo una pota (vosotros sí podéis coger una olla, mejor. Sobre todo en el caso de ser argentinos y fallar en la pronunciación, vite). La pongo en el fuego fatuo, le añado un buen chorro… de aceite de oliva virgen extra. En cuanto se calienta, le añado la cebolla y el ajo; que se doren, a ser preferible a su ritmo, es decir, a fuego lento, mucho más mejor que deprisa y corriéndose.
Ya doradito el asunto, añado los pimientos a colorines. Los dejamos un ratillo, para que cojan temperatura y se adapten.
A continuación echamos las zanahorias, naranjas ellas. También les concedemos su tiempo (no por mucho amanecer madruga más temprano).
Transcurrido un tiempo o así, ahí que te van los tomates troceados a la fiesta de Blas, pasados unos momentos ya está en una ebullición el asunto así como ¡Chup, chup a tutiplén!
Ahora es cuestión de hacer unas preguntas cítricas, o en su defecto echar el zumo de un par de limones, sin por ello vaciar todo lo demás, oye.
Ya desechos los tomatoes, para dentro el brécol (sí o sí) y los champiñones igual para que no se quejen de preferencias.
Ahí, que se lo hagan, veinte minutos al menos. Menos no, por favor, por favor te lo pido, corre el peligro de lo contrario de quedar todo duro.
Transcurridos, los tiempos, añadimos agua de la vida, ¿y yo qué sé cuánta? Sí lo viera… Tres vasos mínimo, mejor cinco, aunque todo depende de lo que pende, o de las cantidades del producto echado, que para el caso es lo mismo.
Aquí también añadimos sal al gusto, y sí gustas un par o tres de avecrenes. Y la guindilla, o las dos; y orégano, o hierbas en general, o en particular las que te gusten. Yo que sé, investiga.
A los veinte o más minutos, añades las verduritas, acelgas y espinacas. Dejas que vuelva a hervir al chup, chup de la buena nueva. En ese mismo punto, con cinco minutos más (no me seas deshogao) listo está el condumio.
Pudiera parecer que tenga una pinta espantosa, siendo probable que la tenga.
El caso es probar, a lo mejor no es sólo la pinta lo que pinta.
Podría llamársele así a lo que cociné, y no por que den ganas de potar, conste. Rico está, a la par que vitamínico y verdurílico.
Punto primero.- ¿Tiempo de preparación?
Huy, el que te lleve personalmente, bonito: eso en el caso de llevar a cabo de buena esperanza la receta. Personalmente dos horas y pico, en una aproximación aproximativa.
Punto segundo.- ¿Ingredientes?
Para quién piense que segundas partes nunca fueron buenas, los que quieran.
En mi caso (a parte) he utilizado unos cuantos muchos: cebolla; ajo; pimiento (rojo, verde, amarillo. Los tres yo. Colorismo); zanahorias; tomate (suele ser rojo apasionado); brécol ¿o brócoli? (vai ti a saber el nombre verdadero de estas casitas adosadas de los nomos); champiñones; jodidas verdes, no podrían ser éstas de otro colorín; alubias (hoy he utilizado de color rojo vino, no las conocía, pero me provocaron); espinacas; acelgas; agua de la vida; limón, de las preguntas cítricas; aceite de oliva, para lubricar bien; guindilla, ya sé sabe, por el punto picante y digestivo; y creo que no se me olvida ninguno, aunque de querer puedes hacer todas las mezcolanzas apetecibles.
Punto tercero.- ¿Empezamos?
Uno, que es muy suyo, suele preparar primero todos los ingredientes para que estén listos (es que sino, algunos tardan mucho en maquillarse y estar preparados, y luego se te pasa el arroz, Catalina, que aunque no lo lleve la receta que nos ocupa, bien podría).
Bueno, para ser sinceros, lo primero es ir a la compra, normalmente al súper, o a la verdulería en su caso para desahogarse.
Pelamos las cebollas (jodidas ellas, hacen llorar una barbarité) y ya puestos a pelar, los ajos y los tomates. Luego después utilizo la picadora para picar, ¿a qué soy muy original empleando los utensilios de cocina?, ajos y cebollas. Es que sí las pico a mano luego se vengan y lloro mucho más yo que ellas. Los tomates con trocearlos tienen suficiente, pobres.
Las zanahorias las lavo con ganas y estropajo, así les saco ese sabor agrio que llevan en la piel, y luego las troceo.
Los pimientos, se los mando a la Juliana, bastante trabajo tengo ya.
Las casitas de los nomos las separo, no vaya a ser que se hagan fuertes en la pota y se forme una revolución y no quieran ni cocerse ni na, les paso un agua u dos.
A los champiñones, como ya vienen cortaditos los lavo, y punto.
Siendo cómodo como soy, las jodidas, alubias, espinacas y acelgas las compro lavadas y listas, mismamente, preparadas para que se tiren ellas solitas al cocimiento (con un pequeño empujón de mi parte, claro).
Punto cuarto.- ¡Ya va siendo hora de encender el fuego! Digo yo.
Pues eso, como de natural tengo gases en la cocina, aprovecho y los enciendo ¡Con sólo ponerles mechero! Son potentes mis gases, y naturales.
Cojo una pota (vosotros sí podéis coger una olla, mejor. Sobre todo en el caso de ser argentinos y fallar en la pronunciación, vite). La pongo en el fuego fatuo, le añado un buen chorro… de aceite de oliva virgen extra. En cuanto se calienta, le añado la cebolla y el ajo; que se doren, a ser preferible a su ritmo, es decir, a fuego lento, mucho más mejor que deprisa y corriéndose.
Ya doradito el asunto, añado los pimientos a colorines. Los dejamos un ratillo, para que cojan temperatura y se adapten.
A continuación echamos las zanahorias, naranjas ellas. También les concedemos su tiempo (no por mucho amanecer madruga más temprano).
Transcurrido un tiempo o así, ahí que te van los tomates troceados a la fiesta de Blas, pasados unos momentos ya está en una ebullición el asunto así como ¡Chup, chup a tutiplén!
Ahora es cuestión de hacer unas preguntas cítricas, o en su defecto echar el zumo de un par de limones, sin por ello vaciar todo lo demás, oye.
Ya desechos los tomatoes, para dentro el brécol (sí o sí) y los champiñones igual para que no se quejen de preferencias.
Ahí, que se lo hagan, veinte minutos al menos. Menos no, por favor, por favor te lo pido, corre el peligro de lo contrario de quedar todo duro.
Transcurridos, los tiempos, añadimos agua de la vida, ¿y yo qué sé cuánta? Sí lo viera… Tres vasos mínimo, mejor cinco, aunque todo depende de lo que pende, o de las cantidades del producto echado, que para el caso es lo mismo.
Aquí también añadimos sal al gusto, y sí gustas un par o tres de avecrenes. Y la guindilla, o las dos; y orégano, o hierbas en general, o en particular las que te gusten. Yo que sé, investiga.
A los veinte o más minutos, añades las verduritas, acelgas y espinacas. Dejas que vuelva a hervir al chup, chup de la buena nueva. En ese mismo punto, con cinco minutos más (no me seas deshogao) listo está el condumio.
Pudiera parecer que tenga una pinta espantosa, siendo probable que la tenga.
El caso es probar, a lo mejor no es sólo la pinta lo que pinta.
martes, 24 de febrero de 2009
Descalabros sentimentales.
Ayer quedé con una amiga. ¿Puedo llamarla así? No lo sé bien.
Probablemente sea yo más amigo suyo que ella de ami.
Después de meses, unos cuantos, sin contacto alguno (por sus partes no realizados, y por las mías fallidos pero intentados) ayer llamó.
Estaba descalabrada de sentimientos, deprimidilla dijo, concretamente: que triste, el amor no me asiste, mi novio no me viste; no quiere ser como yo quiero que sea, y no cambia, me da una rabia; me hace pupita, pero dice que me quiere mucho, mucho, como el helado al cucurucho.
Eso dijo resumiendo, aunque ni de lejos expresado con esas palabras, o así captaron mis entendederas.
Uno no entra ni sale de donde no le llaman, aunque en este caso fui llamado y preguntado. Respondí lo que imagino es el amor: queriendo quieres a quién quieras tal cual es, no a alguien que quieras querer como tú quieres que sea. ¿Amas una imagen o a una persona real? Las personas no suelen cambiar, son como son. Piensa bien a quién quieres, y toma una decisión.
Creo que no escuchó siquiera, oír sí.
Se despidió deseando recibir una llamada suya, para seguir sufriendo en el intento del cambio, imagino.
Yo me despedí diciendo” hasta la próxima, será cuándo tú quieras, llámame”.
¿Llamará? Llamará ante otro descalabro, las personas no cambian.
¿Responderé? Responderé, las personas no solemos cambiar.
Probablemente sea yo más amigo suyo que ella de ami.
Después de meses, unos cuantos, sin contacto alguno (por sus partes no realizados, y por las mías fallidos pero intentados) ayer llamó.
Estaba descalabrada de sentimientos, deprimidilla dijo, concretamente: que triste, el amor no me asiste, mi novio no me viste; no quiere ser como yo quiero que sea, y no cambia, me da una rabia; me hace pupita, pero dice que me quiere mucho, mucho, como el helado al cucurucho.
Eso dijo resumiendo, aunque ni de lejos expresado con esas palabras, o así captaron mis entendederas.
Uno no entra ni sale de donde no le llaman, aunque en este caso fui llamado y preguntado. Respondí lo que imagino es el amor: queriendo quieres a quién quieras tal cual es, no a alguien que quieras querer como tú quieres que sea. ¿Amas una imagen o a una persona real? Las personas no suelen cambiar, son como son. Piensa bien a quién quieres, y toma una decisión.
Creo que no escuchó siquiera, oír sí.
Se despidió deseando recibir una llamada suya, para seguir sufriendo en el intento del cambio, imagino.
Yo me despedí diciendo” hasta la próxima, será cuándo tú quieras, llámame”.
¿Llamará? Llamará ante otro descalabro, las personas no cambian.
¿Responderé? Responderé, las personas no solemos cambiar.
sábado, 21 de febrero de 2009
Burbujas.
¡Cienes y cienes!
Burbujas doradas en ebullición recorriendo mi cuerpo. Llenándolo, impregnándolo todo. Energía dorada.
Grata y placentera sensación fue.
Se me dio por pensar en jugosas fresas rojas, y champlán para acompañar.
Burbujas doradas en ebullición recorriendo mi cuerpo. Llenándolo, impregnándolo todo. Energía dorada.
Grata y placentera sensación fue.
Se me dio por pensar en jugosas fresas rojas, y champlán para acompañar.
miércoles, 18 de febrero de 2009
¡Ah! ¡Era eso!
Quedó un poso extraño. Una voz interna, difusa, no conseguía entender su significado ¿por qué me encendía por momentos? Cierto desasosiego.
Frases por acabar, interrumpidas por otras. A nadie parecieron interesar.
Caminaba por la ciudad, oscuro (el día porque se había acabado; y yo por un no sé qué, que qué sé yo, que yo qué sé). Pasé por delante de un edificio que me gusta, especialmente, iluminado por el artificio: robusto, señorial, majestuoso, precioso. Y en ese preciso instante todos los focos, hasta ese momento dirigidos al edificio, iluminaron mis adentros. Y surgió así la clave.
¡Ya lo entiendo!
Arquitectura creada por humanos, en ocasiones impresionante. Siempre será preferible, al menos para ami, las construcciones de la naturaleza, siempre vivas, siempre cambiantes.
“…la especialización del hombre civilizado moderno ha traído consigo una especie de artritis prematura para muchos de nosotros… El esfuerzo tiende a regular nuestras vidas en vez de la fuerza y el dejarnos ir en vez de entregarnos. No obstante, es el árbol, el que no tiene nada que dejar ir y que simplemente se rinde, el que exhibe esa gracia en el ventarrón y que tiene la elasticidad para sobrevivir.”
No represento a nada; no represento a nadie; no quiero representar a nada; no quiero representar a nadie; ni lo necesito. No soy representativo de… Es mi ser. Soy así.
Cuestión de gusto y preferencia. ¿Mejor el tuyo? ¿Y sí está corroborado por alguien, tienes la razón de tu parte? Pues vale, pues de acuerdo, pues tú ganas, ¡enhorabuena a los premiados! Luego pues.
¡Eso era!
Frases por acabar, interrumpidas por otras. A nadie parecieron interesar.
Caminaba por la ciudad, oscuro (el día porque se había acabado; y yo por un no sé qué, que qué sé yo, que yo qué sé). Pasé por delante de un edificio que me gusta, especialmente, iluminado por el artificio: robusto, señorial, majestuoso, precioso. Y en ese preciso instante todos los focos, hasta ese momento dirigidos al edificio, iluminaron mis adentros. Y surgió así la clave.
¡Ya lo entiendo!
Arquitectura creada por humanos, en ocasiones impresionante. Siempre será preferible, al menos para ami, las construcciones de la naturaleza, siempre vivas, siempre cambiantes.
“…la especialización del hombre civilizado moderno ha traído consigo una especie de artritis prematura para muchos de nosotros… El esfuerzo tiende a regular nuestras vidas en vez de la fuerza y el dejarnos ir en vez de entregarnos. No obstante, es el árbol, el que no tiene nada que dejar ir y que simplemente se rinde, el que exhibe esa gracia en el ventarrón y que tiene la elasticidad para sobrevivir.”
No represento a nada; no represento a nadie; no quiero representar a nada; no quiero representar a nadie; ni lo necesito. No soy representativo de… Es mi ser. Soy así.
Cuestión de gusto y preferencia. ¿Mejor el tuyo? ¿Y sí está corroborado por alguien, tienes la razón de tu parte? Pues vale, pues de acuerdo, pues tú ganas, ¡enhorabuena a los premiados! Luego pues.
¡Eso era!
lunes, 16 de febrero de 2009
Miradas.
Curiosa foto esta. Dice muchas cosas, además de lo que ves.
Intuyo cierta nostalgia en la mirada serena de la protagonista. Al mismo tiempo que ganas de estar fuera y no dentro. ¿Cuál será el horizonte visto?
Quizás me guste más hablar a mí con ella que a ella conmigo.
No quiero decir eso, seguramente tenemos temas diferentes a los que dedicar nuestra atención.
No sé la razón del por qué nunca le he preguntado ¿qué se siente al salir de un pueblo perdido en Galicia (terra soñada por min) de los miles nueve cientos y medio del siglo pasado?
Sin nada, con lo puesto. Siempre con la oportunidad de volver, ni más, ni menos.
Pueblo, en sus buenos tiempos asín, a bote pronto, con ¿cincuenta habitantes?
Mejor rebajamos el bote, creo exagerado el número, pero tampoco se lo he preguntado.
(Perdón, me sigo dispersando pero ¿Y sí el problema es mío y no pregunto?
Se siente la interrupción, se me escurrió la pregunta de frente al perpetrar estas líneas. Nunca antes me la había hecho. Tengo deberes, apuntados quedan).
¿De los Ancares a Barcelona, y luego a Londres? ¿Sin anestesia ni na?
Me da un vértigo…
En el momento en que pienso en todas las dificultades a presentarse a si mismas: hola, soy un país de las extranjerías; hablo idioma distinto; tengo otras costumbres; otros usos…
¿Cuántos miedos, dudas, incertidumbres, pueden atacar ante retos de tamaña envergadura?
Admirable valentía.
Dedicado a Regina.
Intuyo cierta nostalgia en la mirada serena de la protagonista. Al mismo tiempo que ganas de estar fuera y no dentro. ¿Cuál será el horizonte visto?
Quizás me guste más hablar a mí con ella que a ella conmigo.
No quiero decir eso, seguramente tenemos temas diferentes a los que dedicar nuestra atención.
No sé la razón del por qué nunca le he preguntado ¿qué se siente al salir de un pueblo perdido en Galicia (terra soñada por min) de los miles nueve cientos y medio del siglo pasado?
Sin nada, con lo puesto. Siempre con la oportunidad de volver, ni más, ni menos.
Pueblo, en sus buenos tiempos asín, a bote pronto, con ¿cincuenta habitantes?
Mejor rebajamos el bote, creo exagerado el número, pero tampoco se lo he preguntado.
(Perdón, me sigo dispersando pero ¿Y sí el problema es mío y no pregunto?
Se siente la interrupción, se me escurrió la pregunta de frente al perpetrar estas líneas. Nunca antes me la había hecho. Tengo deberes, apuntados quedan).
¿De los Ancares a Barcelona, y luego a Londres? ¿Sin anestesia ni na?
Me da un vértigo…
En el momento en que pienso en todas las dificultades a presentarse a si mismas: hola, soy un país de las extranjerías; hablo idioma distinto; tengo otras costumbres; otros usos…
¿Cuántos miedos, dudas, incertidumbres, pueden atacar ante retos de tamaña envergadura?
Admirable valentía.
Dedicado a Regina.
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