domingo, 18 de abril de 2010

Agua...



…pieses, ¿avíspula o abéjula?

viernes, 16 de abril de 2010

CAPÍTULO VI

LAS FLORES.

“…Está, de todos modos, fuera de duda que en la Humanidad el amor a las flores se ha desarrollado paralelamente a la poesía amorosa…

…Al ofrecer a su amada la primera guirnalda, el hombre primitivo se elevó por encima de la condición de la bestia; saltando los obstáculos de la naturaleza, devino humano; adquiriendo conciencia de la utilidad sutil de lo inútil, entró en los dominios del arte…


…Por mucho que ello nos duela, hemos de confesar que a pesar de nuestra familiaridad con las flores, no nos hemos remontado gran cosa sobre el nivel de los animales. Rascad la piel de borrego que nos hemos enjaretado y el lobo en nosotros latente no tardará en mostrar los colmillos. Alguien ha dicho acertadamente que el hombre a los diez años es un animal, a los veinte un loco, a los treinta un fracasado, a los cuarenta un estafador y a los cincuenta un criminal. Quizá se convierta en criminal porque nunca deja de ser un animal. No existe para nosotros otra realidad que el hambre, ni nada hay más sagrado que nuestros deseos… Todos los altares han ido cayendo uno tras otro a nuestra vista; uno sólo continúa imperturbable: aquel en el que quemamos incienso a nuestro ídolo supremo, nosotros mismos. Nuestro dios es grande y el dinero es su único profeta. Para hacerle sacrificios, devastamos la natura a peso. Nos engreímos de haber sometido a la materia y nos olvidamos de que la materia es la que nos tiene reducidos a esclavitud. ¡Cuántas atrocidades cometemos con la máscara del refinamiento y de la cultura!

Decidme, flores gentiles, lágrimas de las estrellas que en el jardín mecéis vuestras corolas al impulso de las abejas que cantan al sol y sobre el rocío, ¿conocéis el destino terrible que os espera? Soñad, columpiaos, haced cuantas locuras se os antojen agitadas por las brisas del estío. Mañana, una mano implacable os apretará sin piedad la garganta; seréis brutalmente arrancadas de vuestros tallos, deshojadas, destrozadas brizna a brizna, transportadas lejos de vuestra cuna. La ninfa que os decapite puede que no carezca de gracias. Acaso os llenará de piropos cuando aún sus dedos aparecen húmedos de vuestra sangre. Decidme: ¿eso se llama bondad? Tal vez vuestro destino sea morir aprisionadas en los cabellos de una presumida sin corazón o estranguladas en el ojal de un cobarde que no osaría miraros cara a cara si fuerais un hombre. Por ventura acabaréis en un miserable jarrón, con un dedal de agua pútrida por todo riego y para apagar la sed frenética de vuestra vida que se extingue.

Flores queridas, si habitarais el palacio del Mikado, os encontraríais a lo mejor frente a frente con un personaje armado de unas tijeras terribles y de una sierrecilla diminuta. Él se da a sí mismo el título pomposo de maestro de las flores. Reclamará los derechos de un doctor, y, a pesar vuestro, lo odiaréis, porque os consta que un médico procura alargar todo lo que pueda los padecimientos de sus víctimas. Os cortaría, os doblaría, os ataría, os sometería a todos los curvamientos imaginables y que se le antojara imponeros. Torcería vuestros músculos y quebraría vuestros huesos como un osteópata. Os abrasaría con carbones ardientes para detener la huida de vuestra sangre y os hundiría alambres en vuestra carne para activar vuestra circulación. Os untaría con sal y vinagre, con alumbre y hasta con vitriolo. Os vertería en los pies agua hirviente cuando estuvieseis a punto de desfallecer. Su gloria sería prolongar vuestros días dos o tres semanas más de lo que hubierais vivido no sometidas a sus tratamientos. ¿No hubierais preferido morir violentamente de una vez a ser separadas del rosal? ¿Qué crimen debisteis de cometer en anteriores encarnaciones para merecer semejante castigo en vuestra actual vida?...


…¿Por qué las flores nacieron tan bellas y tan desgraciadas? Los insectos pueden picar y a la bestia más inerme le está permitido revolverse cuando se ve acorralada. Los pájaros cuyas plumas se utilizan para adornar un sombrero tienen alas para huir cuando se les hostiga; la alimaña de piel valiosa no carece de una madriguera para agazaparse cuando se acerca el cazador. Pero, ¡ay!, la única flor que tiene alas es la mariposa…


…Somos generalmente brutales con quienes nos quieren y nos sirven en silencio, sin darnos cuenta de que la hora puede llegar en que se alejen de nosotros nuestros más desinteresados amigos…


…Celebremos al hombre que se dedica al cultivo de las plantas. El hombre que cuida flores en tiestos es más humano que el verdugo de las tijeras. Vemos con simpatía cómo se inquieta por la lluvia y el sol, su lucha contra los parásitos, su miedo a las heladas, su ansiedad cuando se rezagan los capullos, su regocijo cuando el follaje verdea con todo su esplendor…


…«A aquel que toque una sola rama de este árbol, le será, en desagravio al mismo, confiscado un dedo» ¿No convendría hoy mismo aplicar esta sanción a los que deshogan su furia destructora sobre las flores y mutilan las obras de arte?...


…No caigamos, empero, en sentimentalismos excesivos. Seamos menos suntuosos y más magníficos. Lao zi decía: «El cielo y la tierra son impecables». Kobo Daishi añadía: «Fluye, fluye, fluye: la corriente de la vida va siempre más lejos. Muere, muere, muere: la muerte no perdona a nadie». La destrucción nos acecha en todas las esquinas. Destrucción arriba y abajo, delante y detrás. El camino sólo es eterno. ¿Por qué no sonreír, pues, tan amablemente a la Muerte como a la Vida? No hay más que contrapartida: la Noche y el Día de Brahma. Gracias a la desintegración de lo viejo, la refundición de las cosas se hace posible…

…la significación del sacrificio de las flores. Tal vez las flores la comprenden. Ellas no son tan cobardes como los hombres. Algunas hasta parece que sientan la voluptuosidad de la muerte…


… Un instante, los torbellinos de flores revolotean como nubes de gemas y danzan sobre las aguas de cristal, hasta que bogando sonrientes sobre las ondas parecen despedirse diciendo: « ¡Adiós, Primavera! ¡Nos marchamos a la Eternidad!»”

Dos tazas de té.

Algunas más. Muchísimas más, son necesarias, para llegar a comprender alguna cosa.


“… Hyakujõ (Pai-chang) paseaba por un bosque en compañía de sus discípulos cuando apareció una liebre corriendo ante él.

-¿Por qué huye esta liebre? –preguntó Hyakujõ.

-Porque nos tiene miedo –respondió el discípulo.

-No –replicó el maestro-, huye porque nosotros tenemos instintos mortíferos.

…Una de las cualidades más sobresalientes de un verdadero maestro del té es saber barrer, lavar y fregar, puesto que la pulcritud es un arte…

… Rikyu miraba a su hijo Sho-an, que estaba regando y barriendo el rõji o galería de que tantas veces hemos hablado.

-Aún no está bastante limpia –dijo Rikyu cuando Sho-an hubo acabado la tarea y le ordenó recomenzarla.

Después de una hora de trabajo tedioso, el mozo se volvió hacia el autor de sus días y le dijo:

-Ahora está perfecto. He fregado tres veces la escala, he estregado los faroles de piedra, he rociado los árboles; el musgo y los líquenes resplandecen con la frescura de su verdor y en el suelo no encontrarás ni una hoja ni una paja.

-Joven necio –refunfuñó el maestro-, no es así como se pule una galería.

Y pronunciadas estas palabras, Rikyu entró en el jardín, sacudió un árbol y esparció por doquier hojas púrpuras y doradas, hilos del manto de brocado del otoño…


Capítulo V

EL SENTIDO DEL ARTE

¿Conocéis el cuento taoísta del Arpa domesticada? En el desfiladero de Lung Men crecía desde hacía tiempo, mucho tiempo, un árbol Kiri (Paulownia), que era el verdadero rey del bosque. Su copa era tan alta que podía conversar con las estrellas, y sus raíces se hundían tan profundamente en la tierra que enlazaban sus bronceados anillos con los del dragón de plata que dormía debajo de él. Sucedió que un poderoso mago construyó con madera de las ramas del gigante vegetal un arpa prodigiosa cuyo espíritu indomable sólo podía ser amansado por el más grande de los músicos. Durante mucho tiempo, ese instrumento armonioso formó parte del tesoro del emperador de China, sin que ninguno de los muchos maestros que uno después de otro habían intentado arrancar una melodía a sus cuerdas, viera su tentativa coronada por el éxito. En respuesta a sus esfuerzos desesperados, el arpa no emitía más que duras notas de desdén, nada acompasadas con la dulzura de los cantos que ellos trataban de entonar. El arpa se negaba a acatar la soberanía de ningún señor.

Hasta que apareció Pai Ya, el príncipe de los arpistas, quien con delicados dedos empezó a acariciar el arpa como el desbravador que intenta domesticar un potro salvaje y echó los brazos cariñosamente a las cuerdas. Cantó la naturaleza y las estaciones, las altas montañas y los rápidos torrentes, y todos los recuerdos dormidos del árbol padre del instrumento iniciaron su despertar. Nuevamente la dulce brisa de la primavera enredó sus cabellos entre las ramas. Las jóvenes cascadas cantaban río abajo y sonreían a las flores nacientes. Otra vez volvió a oírse la soñolienta tonada estival colmada de miríadas de insectos y el murmullo suave de la lluvia y el lastimero canto de la abubilla. Escuchad ahora: un tigre ha rugido y el eco del valle estremecido le contesta. Es el otoño que acaba de llegar: en la noche desierta, la luna afilada como una espada reluce sobre la hierba helada. Después, el invierno se enseñorea de todo y en medio del aire de lana y de nieve revolotean los cisnes y el sonoro granizo marceño azota las frondas con una alegría de chivo salvaje.

A continuación Pai Ya cambió de registro y cantó al amor. El bosque inclinose como un joven galán, perdido en sus pensamientos. Allá en lo alto, como si fuese una altiva doncella, flotaba una nube de deslumbrante candor, que a su paso arrastraba por tierra negras sombras alargadas, tristes como la desesperación. El diapasón torna a mudarse. En ese momento Pai Ya canta a la guerra, los aceros que se entrechocan y la caballería que relincha. Y desde el cordaje del arpa se alzó el estruendo de la tempestad de Lung Men: el dragón cabalgaba el rayo; la avalancha de nieve rodaba montaña abajo como un terremoto producido por mil truenos. El monarca de China, embelesado, preguntó al trovador cuál era el secreto de su victoria.

-Señor –respondió Pai Ya-, todos los otros tañedores han fracasado porque sólo se cantan a sí mismos. Yo he dejado que el arpa escogiera el tema de su música y, en realidad, cuando ejecutaba las piezas musicales, no sabía si el arpa era Pai Ya o Pai Ya era el arpa.

…Una obra maestra es una sinfonía combinada con nuestros pensamientos más exquisitos…

…La obra maestra está en nuestro interior y nosotros estamos contenidos en la obra maestra…

…Clasificamos demasiado y valoramos demasiado poco…

…El arte de hoy es el que legítimamente nos pertenece, puesto que es nuestro propio reflejo. Condenarlo es condenarnos a nosotros mismos. Se pretende que la época actual no posee arte propiamente dicho. ¿Quién es responsable de ello? ¿No es un bochorno, que a despecho de nuestras rapsodias sobre los antiguos, seamos tan escasamente adictos a nuestras posibilidades? (Inciso de ami ¿no lo crees así?) En un siglo, inmovilizado en su centro mismo como el nuestro, ¿Qué ejemplos de original inspiración ofrecemos? El pasado puede mirar con compasión la esterilidad de los tiempos presentes. Destruimos el arte aniquilando la belleza de la vida. ¿Aparecerá el taumaturgo prodigioso que del tronco de nuestra sociedad se fabrique un arpa maravillosa que haga resonar melodiosamente con sus dedos?...

EL LIBRO DEL TÉ.

miércoles, 14 de abril de 2010

El libro del té.

(Kakuzo Okakura)

“… Hemos dicho que el Absoluto taoísta era lo Relativo…

...Una definición es siempre una limitación…

...La educación para robustecer puras quimeras, cultiva una especie de ignorancia. No enseña al pueblo a ser verdaderamente virtuoso, sino a conducirse como imponen las conveniencias. Somos perversos, porque somos terriblemente conscientes, porque tenemos miedo a decir la verdad a otros. No perdonamos nunca a los demás porque sabemos que nosotros mismos somos falibles. La conservación de nuestra conciencia se basa en el pánico de comunicar la verdad al prójimo. Nos refugiamos en el orgullo, nos asusta confesarnos la verdad a nosotros mismos. ¿Cómo se puede tomar al mundo en serio, siendo el mundo tan ridículo? El espíritu del trueque lo envenena todo. ¡Castidad y honor! Mirad al mercachifle complaciente, cómo subasta la Verdad y el Bien. Incluso se halla en venta la religión, que no es otra cosa que la moral común santificada con música y con flores. Desnudad a la iglesia de su accesoria pompa y ¿qué os queda? Prospera la esperanza, no obstante, por ser lo más barato que se conoce: una oración a cambio de una localidad en el cielo; un diploma contra un derecho de ciudadanía honoraria. Apresuraos a esconderos debajo de un almud, porque como el mundo llegue a conocer vuestro precio exacto seréis vendidos al encante en la primera almoneda. ¿Por qué a hombres y mujeres les gusta tanto hacerse notar? ¿No es eso, por ventura, un automatismo superviviente de cuando se les exponía en el mercado de esclavos?...

… Escucharíamos la historia de aquel buen emperador que no murió nunca por la sencilla razón de que no existió jamás. Montaríamos a caballo del viento con Lien zi y encontraríamos ese género de equitación muy cómodo, puesto que nosotros mismos seríamos el viento y habitaríamos en medio del aire como el patriarca de Hoang-Ho, que vivía entre cielo y tierra porque no era súbdito ni de uno ni de otra…

…en otorgar a las cosas sus proporciones y en hacer puesto a los demás sin ceder el propio estriba el secreto del éxito en el drama de la vida…

… Desde que nacemos entramos en el reino de los sueños, para no despertarnos a la realidad sino en el trance de la muerte…

…«Vacilante como quien cruza un río en invierno; indeciso como quien teme el ataque por la espalda del vecino; respetuoso como un invitado; trémulo como el vidrio en un punto de fusión; sencillo como leño sin labrar; cóncavo como un valle; informe como un agua agitada: he ahí la imagen del hombre perfecto»…

…Soshi deambulaba, cierto día, con un amigo suyo, por las orillas de un río.

-¡Cómo disfrutan los peces en el agua! –exclamó Soshi.

El amigo del filósofo le hizo esta pregunta:

-Vos, que no sois pez, ¿cómo sabéis que esta especie de animales vive tan contenta dentro del agua?

- Si tú no eres yo –repuso Soshi-, ¿cómo sabes que yo no sé que los peces están encantados de habitar en el agua?...”

sábado, 10 de abril de 2010


ExTREPISOMANTE. ¿GANARON, PERDIERON, EMPATARON?

Que más da.

Saluditos.

Dos




¿TANTOS?


Voy mayor





Mayormenter.
Los puristas fotográficos dirán: Mucha Luz; mal encuadre; muy ruidosa…

¿Y a ami qué? Pues le importa la vida. La afoto te podrá gustar más o menos.

Así.

Me he visto. Soy jóvena. Voy mayormente. De vuelta estoy. No sé, o una mijita de na sé.